Que se derrumben las mentiras y se rescaten las sonrisas

Me permito escribir este análisis a partir de la premisa de haber viajado a los cantones de Pedernales, Jama, Canoa, Bahía, San Vicente, Portoviejo y Manta durante toda la semana posterior al terremoto. Pude constatar algunas mentiras lanzadas por la oposición, como que se había cerrado el paso a los camiones de ayuda y donaciones, o la supuesta necesidad de salvoconducto para llevar ayuda a las áreas afectadas; que hasta el miércoles no había llegado el Gobierno Nacional a Jama; que no había luz y agua hasta el viernes después a la tragedia; que los centros voluntarios de acopio habían sido incautados, que los rescatistas no llegaban a Canoa en pleno martes siguiente al terremoto, que habría un tsunami; que estaba previsto un nuevo terremoto y el gobierno no quería decir la verdad; que el presidente Correa había negado aceptar ayuda internacional y tantas otras cosas. Además, escuché en una radio de alcance nacional pidiendo que no llevaran la ayuda a los centros de acopio, sino que dejaran la ayuda en las carreteras a los que pedían agua y comida, pese a que ellos no estaban en la zona afectada. Muchos medios de Portoviejo, en lugar de informar, mentían descaradamente sobre lo que ocurría en la ciudad, generando pánico.

¿Hubo falencias en la atención a los afectados? Las hubo. ¿La comunicación oficial sobre el terremoto fue demorada e ineficiente? Yo interpreto que sí. Pese a estos señalamientos, nada justificará el aprovechamiento de la derecha, que inclusive ha disfrazado voluntariado, de actuar político. Así como no se puede permitir que el oportunismo y la hipocresía disminuyan la ayuda de ninguna de las opciones políticas, que detenga la voluntad del pueblo de salir adelante, y que en este momento de dolor, dejemos de pensar como un solo estado-nación, pluricultural, diverso y maravilloso. Ahora debemos reconstruir físicamente medio Manabí, confortar a los miles de afectados, a las familias y amigos que perdieron sus seres queridos, y superar el trauma de haber perdido la sonrisa. Y nada es más importante que eso, que los afectados recuperen la capacidad de sonreír. Han nacido 25 niños en Manta, dentro de los hospitales móviles que el Estado ha instalado ¿Alguien ha visto a los opositores festejando este destello de luz? ¿No, verdad? Opacaría sus banderas negras.

La tragedia humana causada por el terremoto del pasado 16 de abril que afectó principalmente a la provincia de Manabí y al sur de Esmeraldas, transformada en una insensata táctica electoral, ha sido aprovechada al máximo por la oposición. Todo vale si puede afectar a la Revolución Ciudadana, a los Correístas, al Gobierno Nacional y principalmente al presidente Rafael Correa. Era predecible. Faltando menos de un año para las elecciones presidenciales del 2017, sin un candidato mínimamente competitivo, con un discurso que no trasciende nichos conservadores en los estratos sociales, la derecha opositora ecuatoriana hasta la presente fecha, no ha sido una amenaza electoral para la Revolución. Y aún no lo es. ¿Quién podrá ganar a Lenin Moreno o a Jorge Glas? ¿Andrés Páez? ¿Guillermo Lasso? ¿Jaime Nebot? ¿Mauricio Rodas? La Revolución Ciudadana solo perderá una elección para sí misma en caso de que cometa errores de gestión, maneje mal su política o sea ineficiente en su comunicación. Y es ahí donde la oposición ha conseguido capitalizar políticamente la tragedia. Es muy cuestionable ese actuar desde cualquier aspecto que se analice, menos desde el marketing político al estilo J.J. Rendón y Durán Barba, asesores de la oposición ecuatoriana.

La reacción de cualquier gobierno durante un desastre natural de esta magnitud, que según los últimos datos oficiales, causó una afectación a 750 mil ecuatorianas y ecuatorianos, sumados a los más de 600 fallecidos y cerca de 40 desaparecidos hasta la fecha, siempre será acompañado de desaciertos y demoras, dos elementos sobre los que la oposición ecuatoriana ha realizado acciones muy agresivas. Sin embargo, la derecha ha obviado comentar que las acciones gubernamentales le han merecido al país una felicitación oficial de la ONU, organismo internacional que acompañó la coordinación estatal desde los primeros momentos.

La solidaridad con los afectados es una obligación que no debería ser utilizada como tal, y quienes lo hagan pasarán a la historia como oportunistas. Esto se aplica de lado y lado. La cuestión es que bajo una lógica aristotélica simple, la derecha se aprovecha de una trampa retórica: “Yo ayudo a los damnificados, y miento sobre supuestas falencias en la atención de otros a ellos, luego, cualquier señalamiento sobre mi mentira, será una ofensa y un ataque a quien está ayudando. Al final yo estoy ayudando, y el que señaló mis mentiras, no quiere ayudar”. Eso quiere decir que cualquier información tergiversada en las redes sociales, principalmente de las empresas de comunicación, está protegida, ya que los mismos actores políticos, que no son periodistas, son los mismos que también están ayudando a los damnificados.

El gobierno nacional demoró en instalar una narrativa comunicacional sobre su actuar en la catástrofe, permitiendo que la sociedad fuera inundada por informaciones no oficiales, muchas de ellas fácilmente comprobables como falsas. El trabajo conjunto de parte de la oposición, que ataca desde su posición política, en su obligación de “fiscalizar” las acciones del gobierno; empresas de comunicación que cubren el desastre, con tintes de sensacionalismo; y personajes 2.0 que se dicen independientes de las empresas mediáticas y de lo político, que apenas “quieren ayudar”, deslindándose de la falta de credibilidad de figuras como Páez y El Universo, ha tenido eco.

Hacer política con un discurso “yo no soy ni de izquierda ni de derecha, solo quiero ayudar a la gente”, es una táctica ampliamente conocida de Durán Barba, marketero de Macri y de Rodas. Ellos saben que una buena percepción sobre la gestión del presidente en esta tragedia podría inclusive crear un ambiente favorable y un pedido legítimamente popular para que vuelva a ser candidato.

Para impedir esto, la oposición está trabajando en dos frentes importantes: A nivel nacional, el mensaje se enfoca fundamentalmente al público en Quito y Guayaquil, las dos principales ciudades del país que representan el 42% del electorado. Este mensaje es simple: Correa no atiende las zonas más afectadas. Se trabaja en la reafirmación de una matriz de opinión cargada de falta de libertad de expresión al momento de denunciar la tragedia, y una supuesta mala gestión económica del país por no contar, supuestamente, con los fondos suficientes para la reconstrucción.

En lo local, quieren que en Manabí, tercera fuerza electoral del país, donde básicamente se decide quién es presidente de Ecuador, y donde la figura del Presidente Correa y del movimiento AP es tremendamente consolidada[1]; la población reaccione violentamente en contra del gobierno por las supuestas falencias en la atención a los afectados. Y ahí está la clave de la acción opositora. Si Manabí, que detiene la legitimidad de la afectación, se levanta en contra del presidente, la oposición tendrá el certificado de ineficiencia del Gobierno para dar credibilidad al discurso opositor.

Hasta el presente momento, la estrategia de la derecha no ha dado frutos. Los manabitas han sentido una reacción del aparato estatal con la participación directa de los gobiernos locales, que pese a cualquier falencia que se pueda apuntar, ha llegado muy rápido prácticamente a toda la región, permitiendo canalizar el inmenso respaldo del pueblo ecuatoriano, para que la ayuda humanitaria repleta de donaciones, llegue a los afectados. La ciudadanía del Ecuador ha demostrado una capacidad solidaria que emociona internacionalmente.

Este desastre ha sido enfrentado por todo un país, diría más, por todo el continente. Cuatro horas después del terremoto, llegaban los rescatistas venezolanos, y durante la madrugada de sábado para domingo, los de Cuba, Colombia, México, etc. El rescate y la atención a los afectados ha sido posible gracias a todos los que han ayudado. Esto es un ejemplo de una unión del Estado ecuatoriano, que por primera vez en la historia ha tenido un gobierno con su institucionalidad presente en todos los rincones de la patria, viabilizando que Correístas y no Correístas se ayuden entre sí. Y eso ha sido fatal para la histórica derecha ecuatoriana, acostumbrada a subsistir políticamente de un estado fallido y un gobierno ausente. Sobrevivían con una ciudadanía afectada por el síndrome de Estocolmo. Y ahora que no se puede negar los logros alcanzados por todo un pueblo, que creó una nación soberana, lo que les resta es la capitalización para sí del mérito en extender la mano. La ayuda no debe ser condicionada, mucho menos como motivo para los selfies y la farándula. Al parecer les faltó aprender de Galeano, quien dijo que la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; mientras que la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo.

[1] En las elecciones seccionales de 2014, Manabí votó por el candidato oficialista para el cargo de prefecto, AP además ganó 7 alcaldías de 21. (Fuente: Atlas Electoral)

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