La lucha Europea contra el libre comercio también es nuestra lucha

Por Eduardo Meneses

La célebre frase de Gramsci que decía que “el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en este claroscuro surgen los monstruos”, ha retomado estos últimos años una preocupante  pertinencia para describir la situación política del “Viejo Continente”. El fascismo sigue siendo ese monstruo que desde hace un siglo renace con cada crisis del capitalismo. Pero ya no está solo, a ese “viejo monstruo” se le ha sumado un nuevo monstruo “austeritario” (pro-austeridad y autoritario): la Unión Europea (UE), profundamente neoliberal y antidemocrática.

En medio de esta disputa entre “monstruos” comienza, sin embargo, a germinar la semilla sembrada por las masivas protestas de la “generación precaria” portuguesa, de la Plaza del Sol y las acampadas españolas, de la Plaza Syntagma griega. La llegada al poder de la coalición de partidos de izquierda, Syriza, en Grecia marca el punto de ruptura a partir del cual los pueblos comienzan a disputar la hegemonía del capital financiero en el viejo continente.

La primera gran victoria que está marcando Syriza, es la de acabar con el postulado político de la supuesta pérdida de capacidad de acción (y por ende de responsabilidad) de los gobiernos nacionales frente a la UE, culpada de todos los males. Es justamente en base a ese postulado que se construyeron las condiciones para que la socialdemocracia gobierne junto a la derecha la mitad de los países de la UE. Es en base a ese postulado que se construyó el consenso político en el cual nadie podía cuestionar la estructura neoliberal Europea sin pasar por un aniteuropeo primario, belicista y quasi-fascista.

Nadie podía criticar el hecho de que el Banco Central Europeo no pueda prestar directamente a los Estados, que deben recurrir a la prestamos privados, pero sí a los bancos privados con una tasa de 0%!. Bajo ese postulado socialdemócratas y liberales de derecha votaron juntos los tratados que profundizaron de la deriva austeritaria de la UE, presente desde su creación pero cada vez más fuerte (aprobación a la fuerza del Tratado de Lisboa,  del Semestre europeo, del Tratado llamado “Merkozy” y del Two Pack).

Para entender el quiebre anti- hegemónico que está logrando Syriza, necesitamos tener una mirada histórica de la construcción de la UE. La ruptura de los acuerdos de Breton-Woods y la liberalización de la esfera financiera que puso en competencia mundial a los trabajadores y territorios, destruyeron los mecanismos tradicionales de lucha entre capital y trabajo, cambiando claramente la correlación de fuerzas en favor del primero. En este contexto surgió la propuesta neoliberal de integración regional Europea construida sobre un discurso que pretendía poner fin a la guerra especulativa entre monedas, a la inflación que ésta generaba y a los posibles conflictos armados internos (en realidad basada en el pedido  EEUU para repartir las ayudas del plan Marshall).

Se pretendía integrar a los pueblos europeos únicamente a través del mercado (postulado que ahora entendemos como absurdo, pero que durante años ha sido el fundamento de la mayoría de procesos de integración regional a nivel mundial). Pero en realidad este discurso escondía una liberalización  total del mercado financiero: con la moneda única, el euro, se acababa con la especulación monetaria, pero al mismo la liberalización de la esfera financiera permitía especular con las deudas nacionales y eliminar cualquier tipo de control de capitales especulativos en las fronteras europeas. Es decir se creaba y legitimaba el gran casino financiero europeo responsable de la recesión económica actual. Es justamente frente a esta maquinaria antidemocrática, antisocial  y terriblemente represiva que Syriza pretende demostrar que existe una alternativa.

Sin embargo, la euforia por la brecha abierta en Grecia no puede esconder la gravedad de la situación. El rechazo de los pueblos europeos ante la recesión económica (que se materializa en la UE) no está tomando en todas partes el mismo camino: en los países del Sur de Europa (Portugal, España y Grecia) la protesta social converge con el rechazo de las antiguas dictaduras dirigiéndose hacia propuestas progresistas. Sin embargo en los países del Este que vivieron el capitalismo de Estado disfrazado en “comunismo real”, el descontento es absorbido por los nacionalistas cada vez más cercanos a las posturas fascistas históricos. En los países fundadores de la UE (entre los cuales Francia, Alemania, Belgica, e Italia) la disputa es terrible entre una salida de la crisis que adopte un camino de justicia social y una salida de la crisis etnicista y xenófoba.

En este marco, no podemos pensar un camino alternativo al capitalismo financiero internacional desde América Latina, sin comprender lo que se está jugando en la UE, que cada día se convierte en simple lacaya de la geopolítica Estadounidense[1]. Debemos entender que el tratado transatlántico de libre comercio que está a punto de concluirse entre EEUU y la UE[2] hace parte del mismo proyecto neoliberal que trata de completar un triángulo neoliberal con América Latina a través de los TLC. Una victoria de cualquiera de estos mecanismos ya sea en Europa o en América Latina significará la victoria del proyecto autoritario neoliberal y una derrota para nuestros pueblos, por lo que la convergencia de nuestras luchas no es un “lujo internacionalista” sino un imperativo político del cuál no podremos extraernos.


 

[1](la mayor parte de los lobbies en Bruselas son de EEUU y muy a menudo los EEUU están representados en reuniones importantes de la UE ya sea directamente o a través del FMI…)

[2] El TTIP: Transatlantic Trade and Investment Partnership (Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión)

 

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