¿La derecha se robó hasta la memoria?

Por Samantha Gordillo

Resulta imposible no mencionar las recientes movilizaciones en el país, o sus contramarchas de respuesta, es común hablarlo en las reuniones familiares, de amigos, en la oficina o lugar de estudio, escuchar comentarios en los buses o del señor del taxi. Así como ver la cantidad de cadenas oficiales y de propagandas contratadas para seguir teniendo en el foco de atención estos temas, o ver en las redes sociales a más de uno darse de analistas políticos, críticos o halagadores, con reclamos justos y con reclamos llenos de odio. Todo esto para algunos se condensa en su nueva tarima para pavonearse y enaltecerse, se capitaliza para la derecha con sus viejas caras como Nebot, y quienes quieren hacerse un espacio como Páez y Rodas, y quienes creían ilusamente que esta es la muestra del descontento del pueblo, que estaban en las calles defendiendo la democracia o algún valor parecido, han caído de nuevo en el juego de la vieja derecha.

El discurso de Nebot no sorprende, digo, no hay diferencia entre el cachorro de León Febres Cordero que insultaba a los indígenas en el congreso, o llegaba borracho y vociferaba una serie de insultos y epítetos resumidos en “ven acá para mearte insecto hijuepucta”; y sus reciclados discursos con insultos, machistas y regionalistas en una nueve de octubre que llenó de comerciantes obligados a ir, de una clase media sin conciencia que cree que por repetir el discurso de la derecha, sus cuentas y sus billeteras también se parecerán, y una burguesía que siente amenazados sus intereses. Pero, esa clase media, aquellos que repiten las palabras de Nebot, que lo ven como el líder que concentra sus malestares y descontentos, esa oposición que permite a Nebot capitalizar sus protestas para darse como el gran ganador de la jornada del 25 de junio,  ¿perdió la memoria? ¿Ya se olvidaron de los escuadrones volantes? ¿Del SIC? ¿De los hermanos Restrepo? O ¿de la profesora Consuelo Benavides?

¿Qué pasó con la memoria? Acaso la derecha que se robó la plata en el feriado bancario, que se robó ilusiones y sueños, también se les robó la memoria?

Pero, ¿y los que si tenemos memoria? Los que no queremos que Nebot gobierne, no hacemos mucho dando golpes de pecho y diciendo que ahora es tiempo de construir organización de base o poder popular, porque lo dijimos luego del nefasto 30s y luego en cada 30s lo repetimos, lo decían también luego de perder la alcaldía de Quito, lo dicen algunos y algunas cuando ganan puestos de elección popular; pero luego del primer momento, de los discursos efusivos para defender este proceso, cuando la marea baja cada quien regresa para su casa, su curul o su puesto de trabajo y aquí no ha pasado nada.

Para las que si recordamos, para los que si guardan en su memoria los horrores de un gobierno socialcristiano, para quienes tenemos claro que ese no es el futuro que queremos construir y ver, para quienes hemos tomado conciencia del momento histórico de nuestro país, para quienes soñamos con un futuro de equidad, justicia, solidaridad y de paz verdadera; la tarea es larga, la tarea es permanente, hay que responder inmediatamente, si, a las movilizaciones desestabilizadoras, pero hay que reclamar también este proceso para todos y todas, no de unos pocos que mañana volverán a la vida cotidiana y no se volverán a preocupar del “poder popular” o de la organización social, hasta la próxima marcha de la oposición. No es tarea fácil, pero los grandes cambios sociales no se hacen de la noche a la mañana, ni por buena voluntad de los explotadores, ni con muchas y repetidas cuñas publicitarias, se construyen desde abajo, con verdadera organización, con conciencia política, con amor y con trabajo constante, en conjunto, hombro a hombro en cada trinchera, y esta es la tarea que tenemos: la organización popular.

Decía el Che, muy acertadamente, “Si no existe organización, las ideas, después del primer momento de impulso, van perdiendo eficacia”.

 

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