Hagamos algo: dejemos que gane la derecha

* Por Viviana Paredes

Mientras recorría el altiplano peruano y boliviano en un corto viaje personal a principios de 2015, tuve la suerte de coincidir con el proceso de elección de autoridades seccionales en Bolivia durante su etapa final. Era lógico, para mí, pensar que el Movimiento al Socialismo- MAS, tienda política del presidente con mayor popularidad de América Latina, Evo Morales, resultaría triunfador en las elecciones. Caminaba con mi mochila al hombro y admiraba los avances sociales de la República Pluricultural, dándome un tiempo para conversar con los compas de las calles valorando la aceptación de los candidatos del partido oficialista. Me asombró mucho escuchar una respuesta casi común en esos espacios: “creo que el presidente debió escoger a otras personas, ellos no van a ganar”. Regresé a Ecuador con la sensación de haber escuchado esas palabras antes y en ambos casos el resultado fue el mismo: la izquierda representada por el oficialismo perdió las elecciones en las ciudades más representativas.

Así que había un factor común en esas derrotas, tal vez los movimientos que nos representan, que son los intermediarios entre el Gobierno y los ciudadanos en el espacio político, no estaban valorando adecuadamente a sus bases antes de decidir a quienes candidatizarían y eso se convertía en un boomerang político. La derecha interna celebraba estas victorias pequeñas como grandes conquistas sociales, apropiándose incluso de las históricas plataformas de lucha de la izquierda continental.

Este mismo año, en el mes de noviembre nuestra América seguía con ansias el proceso presidencial argentino que podría marcar un hito en nuestro rumbo, más que la elección entre dos candidatos, Argentina se decidía por un modelo de nacionalización de los recursos y avance en el proceso de integración regional y otro modelo que planteaba la privatización de los bienes nacionales representado por un millonario involucrado en 214 procesos judiciales. De nuevo, la derecha le ganó a los errores de la izquierda, la imposición de personas lejanas a las bases como candidatos es la constante en todos los casos comentados.

Con las pasadas elecciones legislativas en Venezuela, en que la oposición derechista obtuvo la mayoría simple de diputados suman cuatro tristísimas derrotas, casi seguidas, a nuestras luchas continentales. Pero esas derrotas no son victorias Per se de la derecha, sino que representan, como lo he dicho antes, un rechazo del pueblo y la militancia a figuras que no necesariamente hacen el proceso político en cada país. Claro que entender los motivos de esta resistencia por algunos nombres merece un análisis particular de cada caso, condiciones y circunstancias, pero la percepción pública más aún en tiempos de globalización y redes es muy fácil de medir.

Ahora bien, golpearse el pecho y llorar por las pérdidas no es ni de lejos una solución a lo que refiero, debemos retornar a las bases que construyeron estos procesos, consultarnos, re pensarnos, dialogarnos e incluso reconciliarnos. No es justo que quienes luchamos antes en las calles contra el neoliberalismo asfixiante hoy debamos soportar en los medios las caras de pseudo izquierdistas detenidos por manifestarse violentamente junto a la derecha contra los logros sociales del Ecuador, por ejemplo. Nuestros tiempos de lucha no han terminado, es más empiezan de nuevo desde el debate consciente, la formación política necesaria y el acercamiento de las autoridades y mandatarios con las bases sociales.

Por eso es urgente adelantarnos estratégicamente a la reorganización de la derecha en Ecuador y no permitir su reagrupación como sucedió en Venezuela y Argentina, con en el apoyo de los medios de comunicación y la injerencia internacional, nosotros tenemos lo que el dinero no compra, un proyecto político que sin consolidarse completamente por los factores que he manifestado, le da lecciones a la oligarquía de organización popular. Hay que consolidar al partido de gobierno con militancia y elecciones primarias antes del proceso de 2017 para mantenernos en pie en la democracia revolucionaria que hemos construido.

Mientras tanto se lee en redes a la clase media sin consciencia y los propios simpatizantes de la Revolución, felicitando a la derecha por sus triunfos sin el más mínimo criterio de lo que representaría que en Ecuador la RC fuera derrotada por la misma banca que nos sumió en la miseria a finales de los 90. Si es eso lo que queremos, infiltrados en las filas, traidores del proyecto y pueblo sin formación defendiendo a los explotadores, hagamos algo: dejemos que gane la derecha.

Fuente: VivianAssange

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