Colombia, nada vale más que la paz

Por Samantha Gordillo

“Las guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar yo mato para robar. Las guerras siempre invocan nobles motivos, matan en nombre de la paz, en nombre de la civilización, en nombre del progreso, en nombre de la democracia, y por si las dudas, si tanta mentira no alcanzara, ahí están los medios de comunicación dispuestos a inventar enemigos imaginarios para justificar la conversión del mundo en un manicomio.”

Eduardo Galeano

 

La guerra en Colombia, nos miente, quienes intentan perpetuar la guerra, e intentan a toda costa aumentar las tensiones durante la mesa de diálogo para la paz, le mienten al pueblo colombiano, y mientras mienten, enredan la posibilidad real de una salida pacífica al conflicto.

Con la firma del “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, en octubre de 2012, se inició de manera formal el proceso de diálogo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), y el gobierno colombiano presidido por Juan Manuel Santo, tras cincuenta y uno años de conflicto armado, esta parecía la alternativa más cercana a la paz que nuestra hermana Colombia vive. Sin embargo hay veces que la paz se ve más lejana que otras; y la pregunta es ¿quiénes no quieren la paz?

Sí, la pregunta cabe y no es tan desatinada, existen personas que parecieran impulsar el permanente enfrentamiento, que han hecho de la guerra interna, su forma de supervivencia y de justificarse a sí mismos. Existen personas o grupos de personas que han hecho de este conflicto que no duele a todos y todas, una forma de vida y de sacar provecho; para quienes la paz resulta un problema. Los constantes ataques a columnas guerrilleras de las FARC, no son productos al azar, ni errores, ni respuestas a fuego enemigo, han sido ataques sistemáticos producto de grandes intereses que se oponen a la paz, y que se han encargado de empañar las negociaciones de paz.

Me pregunto, ¿qué intereses son tan fuertes para quitarles la humanidad a las personas? ¿Qué intereses son tan grandes que valen más que la paz y la justicia social para todo un pueblo? ¿Hay intereses tan grandes que valen la sangre de la juventud de un pueblo? ¿Qué personas son aquellas que creen que hay algo más importante que la vida y la paz de su pueblo? Las FARC en una muestra de buena voluntad decidieron un cese al fuego unilateral de forma indefinida, la cual demostró su interés real en alcanzar soluciones pacíficas a los cincuenta y uno años de conflicto, meses después este cese al fuego fue interrumpido luego de que el ejército colombiano y fuerzas armadas atacaran campamentos guerrilleros, dejando como saldo al menos treinta combatientes muertos. ¿Cuál es el afán de seguir desangrando al pueblo colombiano?

Nos duelen las muertes de los soldados en combate, no depende de ellos la perpetuidad de la guerra, que son solo peones en el tablero de ajedrez, como la de los guerrilleros caídos en combate, nos duelen los campesinos asesinados en cada huelga, nos duelen los dirigentes sociales desaparecidos, encarcelados, asesinados. Nos duele Colombia, y nos duele que la paz se vaya alejando, o se pinte de tonos sombríos.

No existe una sola razón en el mundo, que justifique a quienes pretenden seguir alargando el conflicto, a aquellos a quienes la guerra les resulta más rentable, más adecuada, más fácil, políticamente más conveniente, porque quizás piensan que no son sus hijos o hijas las que están matando, pero deberían entender que si son, que son los hijos e hijas de toda Colombia y de toda Latinoamérica quienes siguen muriendo, y a quienes les están negando la posibilidad de vivir en una nueva sociedad, con paz y justicia social; que no hace falta disparar un arma para manchar de sangre sus manos, sus conciencias, sus billeteras, sus cargos públicos; que hace tiempo están manchados de sangre.

La historia que nos cuentan dice que siempre gana el más fuerte, en nuestro contexto deberían ser esas personas y esos poderes guerreristas que no buscan la paz, y que están demostrando que llegarán muy lejos para evitarla, pero apelamos, esperamos, y deseamos que ante este gigante injusto, inhumano, sin amor, y cruel, esta vez, ganen los anhelos de todo un pueblo, y de todo un continente, que ve con ojos de esperanza y de amor, esta salida pacífica al conflicto. Nuestra historia, la de los pueblos libres, contará que los hombres y mujeres valientes vencieron a ese gigante, y que por ello, Colombia, junto a la Patria Grande, bajo el legado de Simón Bolívar, se construye diferente, se construye con dignidad y con justicia social; nuestra historia también condenará a todos quienes hoy, intentan robarle a Colombia la paz.

 

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