¿A quién le importa la ciencia?

Por Daniel Vizuete

Ciencia, tecnología, conocimiento y muchas otras son recurrentes en intervenciones de personajes públicos y en declaraciones de organismos internacionales. Podríamos partir de la premisa de que todos y todas los que las usan, hablan con conocimiento sobre los orígenes, repercusiones y procesos que estas implican. Bien valdría ponerlo en duda. No pretendo introducirnos al debate sobre qué es ciencia y las diversas ópticas epistemológicas al respecto: ­no hace falta. Sostengo que para responder la pregunta planteada como título del artículo, es más útil hablar de qué pretenden decirnos quienes hablan de esto y quiénes no. Porqué interesa tanto a unos y porqué generalmente no está presente, ni discursivamente, en las agendas políticas de ciertos agentes sociales.

A pesar de que existe todo un debate en ciencias sociales (historia de la ciencia especialmente), sobre si hubo una, varias o ninguna Revolución Científica, lo cierto es que, después del siglo XVII la humanidad (el hombre, dirían algunos) rebasó las concepciones que había tenido del mundo y por primera vez, lo hizo por fuera de la creación divina. Es decir, transitó de la idea de verse sometido a las fuerzas naturales y luego, de ser la obra magna de la creación, a ver su entorno como modificable, es decir a asumirse como creador. Gracias a la aplicación del método científico, pudimos, por primera vez domesticar la materia y la energía y manipularlas con varios fines: tanto ‘tratar’ entender el mundo que nos rodea como aplicar los ‘nuevos’ conocimientos de manera instrumental para satisfacer necesidades básicas y mejorar la calidad de vida.

Varios siglos han pasado y de entre las varias características que posee/poseyó la ciencia en su origen, hoy, al parecer la racionalidad ha primado. En la modernidad occidental, aceptamos el canon del discurso científico-técnico sin ponerlo en duda. Llama la atención como, la ciencia ocupa cierta centralidad en la vida económica de los estados, pero se ve relegada a otros planos en la vida social. Lo primero se explica desde la historia del desarrollo. Existen 5 tipos de países “exitosos”: los países colonizadores, los países con dictadura, los países “tapón”, los países “continente” y aquellos que diversificaron su producción (incorporando tecnología de punta) basando su acumulación en recursos naturales[1]. Esta es la razón por la que países del norte y sur global han apostado a construir “sociedades del conocimiento”, es decir, sociedades donde (para que la economía se desarrolle) lo importante no es “tener” sino, “saber cómo hacer”. Desarrollo de conocimiento científico instrumental.

Y entonces ¿la ciencia ya no es la herramienta empleada para intentar entender el mundo que nos rodea? El debate sigue abierto. Sin excesivo relativismo, sostengo que la visión instrumental es la que prima, tanto en la lógica de la OCDE como en la “emergente” y en la “progresista”.

Si la ciencia es tan importante para el desarrollo de las condiciones materiales de los pueblos, esta debería ser democrática. ¿Lo es? ¿Los circuitos científicos son democráticos? Mi respuesta es: No, no interesa. Democratizar la herramienta que permite/permitiría extender la vida de las personas, curar enfermedades incurables, sanear ecosistemas, consumir menos recursos naturales y mejorar procesos productivos (entre muchas otras cosas) no interesa. Es cierto, el capital transnacional está detrás de todos los circuitos dónde el conocimiento fluye y se articula en un espeso sistema postnacional que se auto-sostiene a partir de discursos tautológicos: rankings de universidades, reglamentaciones de propiedad intelectual vía OMC, aplicación del plan Bolonia, educación superior privada, entre otros.

Para quienes creemos que la educación y la ciencia son fundamentales para “construir al hombre (y mujer) nuevos” y “crear un mundo donde quepan muchos mundos” no basta con hacer lo mismo que los países desarrollados han hecho para entrar a competir con ellos. No creemos en la trampa del emparejamiento tecnológico (total). No falta solo duplicar la inversión pública y privada en ciencia y tecnología. Creemos en re entender la ciencia y sus implicaciones. Creemos en valorar el conocimiento más allá de la racionalidad científica.

¿Qué oportunidades tenemos? Muy pocas. Llama la atención ver, como en las agendas políticas de los movimientos estudiantiles (porque los estudiantes estudian para producir y recrear el conocimiento, ¿no?), en especial en los del Sur Global, no existen reivindicaciones claras a favor del Conocimiento Libre y más bien esta es una demanda propia de minorías movilizadas en los países “desarrollados” (Vésase los casos de Aaron Swartz[2] y de Svatholm Warg, fundador de Pirate Bay[3]). Podemos percatarnos además, que iniciativas de Divulgación Científica[4] (herramienta que permite explicar en términos más sencillos hechos científicos) o de Diálogo de saberes (encuentro entre las ciencias y otras formas de conocimiento) no están en itinerarios de colectivos organizados de las sociedades civiles mundiales como colegios profesionales, academias de ciencias u otros, ni en la planificación de entes estatales como consejos de investigación o ministerios.

¿A quién le interesa la ciencia? A los actores económicos principalmente: a los privados que encuentran acá ganancias infinitas gracias al sobrepatentamiento de invenciones, y a los Estados que, ven en esta una nueva fuente de recursos. ¿A quiénes interesan las implicaciones de “apostarle a la ciencia”? A muy pocos. Democratizar la ciencia no implica (solamente) que más personas puedan estudiar o trabajar carreras técnicas. Democratizar la ciencia implica considerar sus consecuencias y subordinarla los intereses de los pueblos y de las mayorías excluidas más allá del discurso del “ciudadano bien informado” (equivalente a consumidor) y de la promesa de las “ganancias infinitas“, basadas en economías de conocimiento.


 

Foto por VityaR83, http://vityar83.deviantart.com/art/einstein-308297650

[1] Conferencia: “Educación superior, ciencia, tecnología e innovación social para el Buen Vivir” de René Ramírez, Secretario del Estado Ecuatoriano en el Lanzamiento del Wiki COESC – Enero de 2013

[2] http://es.wikipedia.org/wiki/Aaron_Swartz

[3] http://www.cioal.com/2014/10/31/condenan-al-creador-de-pirate-bay/

[4] http://www.divulgacion.ccg.unam.mx/panel/8/divulgaci%C3%B3n-cient%C3%ADfica

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