A 25 años de la última paz en Colombia

Entrevista con Fabio Mariño, ex comandante del M-19, Movimiento guerrillero colombiano que firmó la paz en 1990 con el gobierno nacional.

Por Harold López
Ubicado en pleno centro de Bogotá, en el ala norte de la Plaza de Bolívar más grande de Colombia, se encuentra el Palacio de Justicia, epicentro de los hechos ocurridos entre el 6 y el 7 de Noviembre del año 1985 y que hoy permanecen nítidos en la memoria de toda una generación.
Un comando armado del Movimiento 19 de Abril M-19, llevó a cabo el operativo más atrevido que en el plano político y militar cualquier grupo insurgente hubiese intentado antes en Colombia. Los guerrilleros ocuparon en pleno centro del poder uno de los edificios más importantes para la justicia colombiana. Entre los objetivos de la “toma del palacio de justicia” la guerrilla buscaba llevar a un juicio público al presidente Belisario Betancur por haber roto la tregua pactada entre el M-19 y el Gobierno Nacional en 1984.
La Ministra de Comunicaciones de entonces daba la orden de suspender toda transmisión de los hechos por la t.v. nacional. En su lugar, se repetía en los televisores de los colombianos un partido de la selección de fútbol. Era el preludio de una tragedia.
26 horas después de iniciada la acción guerrillera y con el cañonazo seco de un tanque de guerra, se silenciaron los últimos tiros de los fusiles que aún salían del edificio en llamas.Todas las unidades guerrilleras habían muerto, las fuerzas oficiales combinadas de Ejército y policía concluyeron con sangre la llamada “retoma” del Palacio de Justicia en la que perdieron la vida 98 personas y 12 más fueron desaparecidas. Porlas graves violaciones de los Derechos Humanos en que incurrió el Ejército oficial durante la llamada “retoma” ha sido señalado como culpable el Estado Colombiano, sin embargo, aún no se conoce toda la verdad.
Cuatro años después del Palacio, siendo enero de 1990, el M-19 firma un acuerdo de paz con el gobierno nacional. El país pasa por una aguda crisis institucional, el narcotráfico ha permeado todas las capas del poder político y económico, el paramilitarismo se fortalece aliandose con amplios sectores políticos de la derecha y de las fuerzas militares, los movimientos sociales son perseguidos, sus líderes asesinados y sus militantes aún en los pueblos más distantes corren la misma suerte.
Cuatro candidatos presidenciales son asesinados a pocos meses de las elecciones. Entre ellos, y ya en la legalidad, cae víctima de una ráfaga de ametralladora el comandante en jefe del M-19, Carlos Pizarro, un adelantado líder político que logra entablar un diálogo nacional y quien tiene altas probabilidades de disputar el primer cargo de elección popular en el país. Sin embargo, a pesar del severo golpe, la guerrilla continúa firme en el proceso que desemboca más tarde en la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente que proclamó una nueva constitución, reemplazando así la anquilosada carta que regía al país desde 1886.
El “eme”, como la llamaba la gente comunmente, se convirtió en la guerrilla sui géneris colombiana, alejada del ideario marxista más duro y crítica con las discusiones “chino-soviéticas” propias de la izquierda de la época, contó con amplia aceptación popular, primero por sus acciones audaces a nivel urbano en las ciudades más importantes del país y luego por su presencia en las zonas rurales del sur de Colombia. La guerrilla de la “democracia en armas” como se autodenominaba, ya había roto en Colombia todos los moldes para hacer política cuando en su primera acción extrajo de un museo la espada con la que Simón Bolívar liberó varios países de América del Sur para convertirla luego en símbolo de su lucha.
El 9 de Marzo de 2015, a 25 años del acuerdo de paz entre el M-19 y el Gobierno colombiano, en la misma Plaza de Bolívar, frente al reconstruído Palacio de Justicia y ante la mirada de la imponente estatua de Simón Bolívar, se encontraron varios de los protagonistas del acuerdo que se firmara un cuarto de siglo atrás.
Uno de ellos, Fabio Mariño Vargas, miembro activo de la guerrilla desde los 15 años de edad, de amplia destreza política y aguda interpretación de los problemas nacionales es ascendido rápidamente a la Dirección Nacional del M-19. Allí se le conoce como el “Comandante Hipólito Blanco”.
Dieciocho años después, con heridas de bala en su cuerpo, tres entradas a la cárcel más tarde y luego de su paso como combatiente internacional en el Frente Sandinista de la revolución Nicaraguense, “Hipólito” hace parte del grupo de miembros de la comandancia del M-19 que insiste en reconstruir la democracia nacional ahora desde la legalidad. El mensaje pronto encuentra acogida en la militancia del grupo insurgente.
Hoy, un ex miembro del M-19, Gustavo Petro, es el Alcalde de la ciudad de Bogotá, el segundo cargo más importante del país. Su lucha contra la corrupción, la férrea protección del ambiente y la profundización de importantes reformas en materia social lo ponen como uno de los líderes colombianos más importantes del siglo que comienza, lo que lo ubica al mismo tiempo como el blanco de los incesantes ataques de los sectores tradicionales y más retardatarios de la política nacional. Fabio,ó “Hipólito” como aún lo llaman nostálgicamente sus compañeros vivos, hace parte del gabinete de Gobierno del Alcalde Petro, en medio del acto de conmemoración de la firma del pacto, con la sonrisa y el sentido del humor intactos, nos cuenta su percepción sobre éstos últimos 25 años de luchas mientras observa fijamente los fusiles que hoy están convertidos en oxidados barrotes de metal.
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- ALDEA 42: Fabio, ¿Cómo fue su ingreso al M-19?
- F.M: Hace 40 años irrumpe en el país una fuerza interesante, bonita, renovadora, juvenil que invita a los jóvenes a estar ahí, así como hoy se está están en el rap, era la onda de la juventud. La revolución en ese entonces traía unos vientos bellos, unos vientos herejes , rebeldes, insurrectos y fue metiéndose en el sentimiento de la gente, el m-19 no exigía grandes preparaciones ni esfuerzos para entrar, era el sabor popular, la identidad en la lucha, en la pelea, en un propósito, la “democracia en armas” la llamabamos entonces y luego, la paz. Hoy seguimos insistiendo en ella.
- ALDEA 42: ¿A que se debe esa agudeza del M-19 que hace una lectura distinta a la de las demás guerrillas en Colombia y latinoamerica?
- F.M: La primera clave fue la juventud, el promedio de edad de los fundadores M-19 era de 22 años, lo que quiere decir que la juventud debe estar al frente de la política y tiene que irrumpir contra esos viejos esquemas y viejas personas en esos esquemas que se aferran a ese pasado, a ese ser conservador, a ese ser temeroso.
La segunda clave, fue el sabor popular.
La tercera clave fue la identidad nacional. Nada de extranjerismos, respetando claro está la historia nacional y universal, respetando las experiencias, pero hablandole al país en su lenguaje, con sus formas, desde donde uno es. A Colombia desde la colombianidad, a Latinoamérica desde su historia, desde sus costumbres, desde su ser histórico.
- ALDEA 42: El M-19 nunca se declaró marxista, ¿Qué era el M-19 ideológicamente?
- F.M: Ideológicamente, el M-19 era una fuerza revolucionaria que irrumpia contra los “ismos”, contra el marxismo, el socialismo, contra los prosovieticos y los prochinos. El M-19 se declara como una fuerza nacionalista, pero nacionalista en democracia, Respetábamos las instituciones, un hecho importantísimo fue la toma del palacio de justicia, ante la cual vinimos a interponer una demanda armada, eso es reconocer las instituciones. Respetabamos las instituciones y el Estado, pero queríamos que se cambriara el uso que le daban quienes estaban en el poder, un uso cosificado que sólo genera pobreza, desigualdad, miseria e injusticia. Las instituciones deben ser para generar alegría, felicidad, desarrollo a nuestro pueblo. Eso era el M-19.
- ALDEA 42: Años después de la toma del Palacio de Justicia deciden entrar en un proceso de paz, ¿Cuál es el análisis que hace el M-19 para tomar esa decisión?
- F.M: Viene en 1980 primero, la toma de la embajada de República Dominicana, ahí madura una propuesta de paz que venía proponiendole al país el Comandante Jaime Bateman Cayón, echando la carreta como sólo él lo sabía hacer, haciendo pedagogía de paz. Fue en esa acción político militar de propaganda que se puso en el contexto nacional e internacional la propuesta de paz del M-19 y se evidencia la crisis de violaciones de Derechos Humanos que vive Colombia. Pasa el 80, vienen épocas, momentos, tiempos, viene la tregua, el diálogo, el pacto del 84, se rompe ese pacto,viene el Palacio de Justicia , el país en llamas, y madura el “eme” al salirse de la guerra, madura al conconcretar su actitud, su propuesta y su decisión de paz.
En el 88  el diálogo nacional que se abre con la propuesta de detener la guerra, le ordena al país la paz y la vida,  como el M-19 era una fuerza viva y conectada con el país entendía perfectamente lo que estaba pasando. El 9 de Enero de 1989, el “eme” firma la dejación de armas y el 9 de Marzo de 1990, hace exactamente 25 años, se consolida esa decisión y entramos, por ultima vez, a dejar las armas y por primera vez, a continuar la lucha política del M-19 sin ser movimiento armado.
Entonces fue una decisión tranquila seria, muy serena, muy responsable, muy sentida, con muchos temores, pero los temores de la guerra son siempre vencidos por los albores y las esperanzas de la paz.
- ALDEA 42: Sin ser perfecta, la Constitución de 1991 es uno de los logros más importantes de los sectores democráticos y, éste logro hizo parte de los firmados acuerdos de paz.¿Qué hay hoy de esa Carta constitucional que gestó el eme?
- F.M: El país. La gestación de la Constitución es una obra del país. Es un acontecimiento que empuja el M-19, al ser capáz de dejar las armas, su actitud de llegar a luchar sin condiciones a la vida civil. En ese sentido el “eme” aporta una decisión que la ciudadanía percibe y acoge como suya, no podemos decir que fuimos solos, fuimos protagonistas, fuimos empujadores, pero lo más importante en ese entonces es que el ambiente de paz que se genera con la dejación de armas se consolida con una nueva Constitución, esa que hay que defender pero que sin duda, hay que mejorar.
- ALDEA 42: 25 años después de la firma y la dejación de armas, ¿En qué está el M-19?
- F.M: Estamos insistiendo en la decisión de paz, somos gestores, apóstoles de esa opción de negociar sin echarnos tiros. Hoy el “eme” no es una organización ni una estructura, es un pensamiento que sigue rodando por los caminos de Colombia y de América, que sigue diciendo que la solución a los conflictos de un país no van por el lado de la guerra. Hoy el “EME” se compromete como hace 25 años, desde la inteligencia y la paz a seguir de cara al país, programándonos y comprometiéndonos con la paz.
- ALDEA 42: ¿A qué se dedica hoy Fabio Mariño?
- F.M: Sigo en lo mismo, sigo siendo promotor y gestor de paz.
Me he movido en la educación política formal, popular y social, me muevo con organizaciones populares en vivienda educación y salud, pero siempre mi gestión principal es la paz. Hoy tengo una tarea como subsecretario de participación en la Secretaría de salud de Bogototá.
- ALDEA 42: Se adelantan hoy en la Habana, Cuba, los diálogos más maduros entre la insurgencia y el gobierno colombiano desde 1990. ¿Cuál es su mensaje para esa mesa de diálogo?
- F.M: Colombia necesita señales inteligentes, la inteligencia la requiere más la paz que la guerra. Colombia necesita hoy que esa generación de gente madura pueda venir a consolidar la paz para ganarle la guerra a los guerreristas que en los escritorios y los campos les interesa mantener vigente el negocio de la guerra y se benefician con ella.

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