1ro de mayo: entre las marchas, el blanco y negro, el todo y nada

Por Samantha Gordillo

En vísperas del primero de mayo, los medios nos atosigan con las diferentes convocatorias a las marchas previstas para este día, por un lado vemos a la oposición convocándose y juntándose sin distinción de postura o tendencia política (por lo menos de las que declaran ser), un abanico de intereses y posturas políticas se toman de la mano, partiendo de quienes se declaran de izquierda, pasando por socialdemócratas, y terminando en el banquero Lasso, que no hará falta decir a qué lado va; y del otro lado la marcha de quienes “son más”, “muchos más”, como dicta el slogan publicitario, aquellos y aquellas a quienes el llamado del presidente Rafael Correa si cobijó.

Pero, ¿si queremos ver a otro lado? Si queremos mirar fuera de esta dicotomía, en la que para muchos y muchas es donde se juega la política de nuestro país, ¿A dónde vemos? Hacia dónde vemos cuando no nos sentimos identificados con ninguna de las dos marchas, cuando recordamos que el primero de mayo, no es un día para tener dos, tres, las que fueran, marchas, cada una pertenencia de una tendencia política o de una figura pública. Qué pasa cuando la marcha de la oposición esta exacerbada de contradicciones y de intereses privados, pero que la del gobierno a su vez, carece de reflexión (en realidad quizás ambas), y que está muy lejos de ser un momento, o de representar un punto de partida, para escuchar a todos y todas en la construcción del llamado “proceso”.

Si bien la marcha de la oposición no es un corpus único en ideología o tendencia política, su denominador común resultan ser esos rechazos pasionales, que rescinden en odios hacia el actual gobierno y su líder; pero ¿la del gobierno a dónde va?, la marcha oficialista resulta ser un barómetro de medición de la capacidad movilizadora frente a la otra, que casi siempre son las respuestas a otras movilizaciones, respuestas que evidentemente no nacen del seno popular como una auto-convocatoria de respaldo, sino que responden al llamado del primer mandatario.

Respuestas, que además, no harían falta y no se verían tan forzadas, si durante el resto del año, si en estos ocho años, los otros días que no hay marchas, nos preocupáramos (o, se preocuparan), de sentar las bases para que los avances de estos años sean irreversibles, pero también para que las falencias y las tareas pendientes puedan llevarse a cabo, si el resto del año, alguien se ocupará de construir eso de lo que se habla mucho y se hace poco, Poder Popular; que además es la única forma real de sostener los procesos de cambios, de que las transformaciones no se hagan con una varita mágica desde arriba, a merced de una ley construida desde arriba, o de un decreto ejecutivo, y que nadie se sienta parte, o que hagan falta campañas publicitarias gigantes para que la gente se identifique, sino que construyamos de abajo hacia arriba esos cambios.

Ya no debería ser el tiempo de que solo la propaganda generé identidad, deberíamos empezar a apropiarnos de un proceso, que a veces se siente más lejano que nunca, pero que no olvidamos, viene del cúmulo de las luchas sociales, y de un momento de ruptura y de crisis de las viejas formas de gobierno en nuestro país; es decir un proceso que nos pertenece a muchos más, de los que se declaran propietarios, un proceso que viene de muchos colores y muchos matices, y que hay que volver a colorearlo.

No se trata, de apoyar ciega y mecánicamente las palabras del presidente, o de repetir los slogans publicitarios (tarea que le va muy bien también a la oposición), de ser una sombra cien por ciento acrítica y sumisa, que vea que todo aquello que se sale de estos parámetros es el enemigo; sino de abrir el espacio para el diálogo, para el debate, entender que no todo siempre está bien, que es posible hacerlo mejor, que se cometen errores, y que pueden venir de otros lados, también, las ideas, las propuestas.

Nada es blanco y negro, ni puede tener solo dos extremos posibles, los colores y los matices son fundamentales para enriquecer cualquier proceso social y político, suele ser más difícil sí, pero es la garantía de que el pueblo, la ciudadanía, se sientan parte del proceso, y sean capaces de defenderlo y sostenerlo de forma legítima. Que este primero de mayo, que el día del trabajador, de las trabajadoras, sea un momento para la reflexión, para el cuestionamiento, para el análisis; sabemos bien, reconocemos, todos los avances de la Revolución Ciudadana, ahora volvámoslos irreversibles, profundicemos donde hace falta y miremos las tareas pendientes.

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