1° de Mayo: lo que se juega el Ecuador

Por Diego Vintimilla

El presidente Rafael Correa, en varias ocasiones ha señalado que la estrategia de la oposición ecuatoriana es “calentar las calles”, en referencia a la permanente campaña de movilización que los sectores contrarios al régimen han emprendido después de las elecciones del 23 de febrero de 2014, como mecanismo para desgastar al gobierno de la Revolución Ciudadana.

Mentada estrategia opera diariamente, desplegando masivas campañas de generación de opinión pública adversa al Gobierno, y particularmente dirigida a restar la credibilidad de Correa. Para esto, vemos como las redes sociales se han convertido en un campo de batalla de la política 2.0 en la que “ejércitos” de cuentas falsas -los famosos trolls- generan etiquetas para construir tendencias en contra del Gobierno -honrando a la verdad, para que se pueda decir batalla existe también el correlato de afines al régimen, que también posicionan HT de apoyo-.

Si nos ceñimos al realismo político, tal como diría Lenin: “salvo el poder, todo es ilusión” y si algo tiene la oposición ecuatoriana es afán de poder, es decir: buscan por todos los medios y valiéndose de todas las estrategias, lograr que el reconocimiento público, y político, con el que cuenta el Presidente vaya disminuyendo de cara a las elecciones del 2017.

En política, una mentira dicha muchas veces se convierte en verdad, y haciéndose de ese recurso el imaginario colectivo se ha ido moldeando – o es lo que pretenden-, para posicionar ideas como: Cada vez hay más impuestos1; El Gobierno le mete la mano al bolsillo de la gente2; “El presidente no supo administrar los momentos de bonanza y es el culpable de la crisis3; Vamos a salir de la dolarización4. Otro recurso al que apelan es la evocación desvirtuada de la memoria, y ha sido recurrente escuchar que el Gobierno está organizando un feriado arancelario, un feriado al IESS y recientemente un feriado bancario. Valga decir que para la mayoría de ecuatorianos el oír “feriado” inmediatamente trae a nuestra cabeza aquellas famosas palabras “¡jamás!… ¡JAMÁS!”, que Jamil Mahuad pronunció poco antes de que -ahí sí- sucediera un feriado bancario que se llevó el dinero del país.

La oposición, posterior al “23F” se ha envalentonado, ha levantado cabeza, como se dice popularmente. Aunque resulte paradójico, el mecanismo con el que pretende recomponerse es la cooptación de banderas políticas históricas del campo popular ecuatoriano. Y vemos como de manera articulada y de forma tripartita medios opositores, políticos opositores y empresarios opositores, ahora defienden los derechos de los trabajadores, de la naturaleza, los intereses de los jubilados, la Constitución de la República, y un largo etcétera.

Somos testigos de cómo operan alianzas del más amplio espectro y ahora resulta que los derechos humanos son reivindicación del socialcristianismo, ante lo cual, sin ningún pudor, la socialdemocracia se hace de la vista gorda. Ahora es parte de la agenda política de la cleptocracia bancaria la estabilidad del sistema financiero. En fin… la “unidad” se ha convertido en el objetivo, una unidad por encima del bien y el mal; una unidad que tiene como origen y fin vencer a Correa, sea en las urnas o no.

Así las cosas, la oposición ecuatoriana sigue un mismo libreto de los sectores opositores latinoamericanos, hecho que no es casual, ni erroneamente coincidente, sino que responde a un mismo juego, provocar el error de los gobiernos -mal llamados- progresistas. Cada nación tiene un peso específico en el escenario regional, lo que sumado a los pequeños pasos que se impulsan por la integración latinoamericana, ya constituyen una amenaza para la perpetuación del esquema primario exportador que ocupa nuestro subcontinente en la distribución internacional del trabajo.

Hasta aquí, más de uno acusará a este artículo como un panfleto más de apoyo al régimen. Más aún, me permito describir el modus operandi de la oposición, para sostener una crítica al Gobierno, que pueda ser contextualizada y que puede evidenciar que el poder político no se fractura solamente por el nivel de oposición, sino también por el ejercicio de ese poder.

Defender los logros de la Revolución Ciudadana, es un necesidad política, pero comenzar a discutir sobre lo que aún está por hacerse es un imperativo ético. Pasados 8 años de gobierno, el desgaste, producto de la guerra mediática -sí, ¡guerra!-, es evidente. Los mecanismos para la toma de decisiones, abstraídos de la necesaria comprensión y sensibilización política por parte de la ciudadanía, nos recuerdan eso que señalaba Rosa Luxemburgo: Desde el punto de vista de la historia, los errores cometidos por un movimiento obrero verdaderamente revolucionario son infinitamente más fructíferos y valiosos que la infalibilidad del mejor “comité central”.

El cambio de la matriz productiva, refiere por supuesto a la modificación del patrón productivo, y aunque es condición necesaria, no implica que sea suficiente. Lo que se requiere es la modificación del patrón de acumulación, es decir la forma en la que se produce y distribuye el producto del trabajo humano. No es posible redistribuir si no hay riqueza, pero el hecho de que haya riqueza no implica justicia social. Las revoluciones no se hacen para el bienestar de la gente, se hacen para cambiar las relaciones sociales de producción, cambio que permite -ese sí- satisfacer las necesidades humanas en sus múltiples dimensiones.

Quienes respaldamos al gobierno de la Revolución Ciudadana, no podemos abandonar la crítica, como la herramienta más precisa para sostener a nuestro gobierno, pues el enfrentamiento de tesis y criterios respecto a los límites y derroteros del proyecto político, nos permiten comprender el grado de posibilidad de cada una de nuestras reivindicaciones, en medio de una realidad que es la que manda.

Así también la autocrítica es parte del ejercicio que nos implica el momento histórico, pues el Gobierno, bajo ningún concepto, es el responsable de la organización del poder popular, y el Estado no tiene la tarea de construir al sujeto histórico capaz de dar el paso. En esa dinámica, la convocatoria está en asumir nuestra responsabilidad activa respecto al funcionamiento del gobierno y del Estado.

Se acerca el 1° de Mayo, y talvez pueda ser un hito fundamental de este proceso histórico en construcción, y la tarea es defender las calles, evitar que la movilización social se convierta en un acto plebiscitario de medición de fuerzas, y sobre todo proteger como un símbolo de clase al 1° de mayo, como día de las y los trabajadores; trabajadores a secas, trabajadores en tanto que clase social, con errores y aciertos, pero sobre todo como sujeto histórico garante de la superación del capitalismo.

El 1° de Mayo, por más bueno que sea un gobierno, por más mala que sea la oposición, o por lo que sea, no es sino el día de la clase obrera, un día de conmemoración de la necesaria unidad de clase. Ya Marx advertía que el capital viene al mundo chorreado de lodo y sangre, y eso es precisamente lo que la derecha ecuatoriana busca: oponer entre sí a los sectores explotados, y estas falsas disyuntivas entre progobierno-antigobierno, convierten a la violencia en la protectora del statu quo y no la partera de la historia que el mismo Marx hablaba.

Recordando a Lenin: “para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan”, y en el Ecuador hemos visto que aún sin el gobierno político, los explotadores mantienen su gobierno; gobiernan la opinión, gobiernan el mercado, gobiernan el sistema financiero, y tienen aún la capacidad de quebrar los avances que con la Revolución Ciudadana hemos alcanzado.

Rothschild señaló: “Dame el control sobre el dinero de una nación y no me importará quién redacte sus leyes”. En Ecuador ¿No es Guillermo Lasso y la bancocracia la continuación de ese relato? ¿No es tan evidente que mientras existan capitales financieros seguirán existiendo riesgos para la Revolución Ciudadana?

El 1° de Mayo es momento de ocupar las calles, de ratificar el camino postneoliberal; pero también para indicar que medidas capitalistas no nos sacarán del capitalismo. De poner al movimiento obrero ecuatoriano a la altura del momento histórico y evaluar hasta que punto existe el compromiso activo, el compromiso de implicarnos, de “ensuciarnos las manos” -como diría Sartre- para dar el salto.

Como dice el dicho, una golondrina no hace verano, y aplicándolo al país: el Ecuador no puede cambiar la lógica de dominación que opera en el mundo, pero eso no nos impide sostener nuestras consignas con más valentía aún. El pacto constituyente con el que el pueblo ecuatoriano llegó al Gobierno debe ratificarse este 1° de Mayo, exigiendo(nos) tomar partido por la concreción efectiva y total del programa de la Revolución Ciudadana. Pues talvez la diferencia entre la mayoría de personas que estaremos en una y otra marcha -sin que sea menor, pero al menos no fundamental-, sean las formas y no el fondo.  Teniendo siempre presente que los cambios radicales suceden siempre por los bordes.

1 http://www.dinero.com/internacional/articulo/salvaguardas-interpuestas-ecuador/206649

2 http://www.larepublica.ec/blog/politica/2015/04/23/presidente-frente-popular-este-gobierno-miente-permanentemente-ecuatorianos/

3 http://www.elcomercio.com/opinion/vacas-flacas-opinion-ecuador-deficits.html

4 http://expreso.ec/expreso/plantillas/nota_print.aspx?idArt=7473858&tipo=2

 

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